El respetado se hace, no se nace.
Para ser respetado hay que hacerse respetar. Esta frase hecha, obviedad incostetable se me viene a la cabeza en una época de mi vida donde parece que la gilipollez tiene un coste gratuito, que las palabras se pueden borrar con un simple
¿hola que tal? o un mísero toque de móvil. Hoy te la meto doblada y mañana no me lo tendrás en cuenta, porque te he escogido a ti que se muy bien que no me la vas a devolver. Me lo he pensado cien veces. Tu que piensas de mi que soy un gilipollas, realmente voy escogiendo a la gente a la que puedo putear por coste 0 y salir indemne yo y mis delirios de grandeza. Piensa que si te tengo a ti entre mis elegidos, posiblemente tú seas mas gilipollas aún que yo. Tengo amigos para todo, unos me hacen favores tecnológicos y otros me hacen favores logísticos pero cuando me llameis tened en cuenta que no voy a estar allí. Porque yo soy de los que quieren recibir pero nunca tender la mano. Soy alérgico a los favores. Soy alérgico a usar mi coche y a doblar el espinazo a no ser que tenga un claro beneficio por ello. Yo soy capaz de mover los hilos de la marioneta, para que la marioneta se mueva por mi, a veces incluso con dos manos soy capaz de mover varias marionetas, porque hay gente que me hace el trabajo sucio. Mi movil es un ser inerte y en las estadísticas puedo ver un flamante 5 a 1, entre las llamadas recibidas y las llamadas salientes. Porque uso el arte del toque misterioso pero siempre a gente con la que se que me va a salir rentable la operación, gastar tiempo en toques es sólo para imbéciles. Soy experto en sacar lo máximo ofreciendo lo mínimo y la vida la considero un juego de estrategia. Con mis amigos me funciona a la perfección. Pena que con el resto no.
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